Pt.7
*algunos hechos relatados en la presente historia efectivamente ocurrieron*
Una vez, en un octubre de hace 3 años, el amo andaba pasado de vueltas. Entre marchas y el clamor de gente desconocida, el amo quiso poner de su parte. Se le ocurrió una idea bastante inocua, pero mientras más avanzaba, más se llenaba de entusiasmo, el asunto fue el siguiente:
Agarró una cachá de hojas y les imprimió cosas que el amo denominaba como poemas combativos. Hizo una rigurosa selección de poemas escritos por puros poetas chilenos, los imprimió y partió conmigo a pegarlos por las calles de su pueblo de mierda.
Caminamos mucho, pegamos muchos poemas y claro, era yo el encargado de pasarle mi lengua a las hojas para que las pudiera pegar en paredes, ventanas, postes, escaleras y cuánta cosa estuviera a la vista. Cada vez q agarraba una hoja, me la ponía cerca del hocico y yo le pasaba feroz lanwetazo, acto seguido lo pegaba y me preguntaba si había quedado bien. Cuando yo le indicaba que sí, que estaba perfecto, me regalaba una galletita. Comí caleta ese día, todo gracias al amo y sus ideas raras. Por que sí, al amo la imaginación le sobra, porque esos poemas combativos no eran todos de poetas consagrados, y aprovechó el vuelito pa meter entre medio uno que otro escrito por él.
Su imaginación es alta, como pueden ver. Y más encima está esta historia, que claramente nunca ocurrió, o un poco sí, pero sólo el dios de los pewitos sabe cuánto de esto es realmente cierto, y cuánto son ideas de un perro viejito y dormilón.
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